¿Ha comenzado España una transición económica? La construcción de una sociedad alternativa.

Uno de los más sorprendentes procesos derivados del 15M ha sido el descubrimiento de cómo una parte de su energía se ha canalizado hacia una infravalorada (al menos en España) transformación social: la construcción de una sociedad alternativa aquí y ahora. Las cooperativas, por cuenta propia, de solidaridad y de economía social, la moneda local, el consumo responsable … estos conceptos reflejan un cambio en la comprensión de las luchas sociales. Detrás de este cambio está una cierta sabiduría histórica, la crisis de la civilización del siglo XXI inaugura una época en que las alternativas viables desde la base pueden ser más eficientes que la abstracta batalla ideológica.

 

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Tal vez las prácticas más importantes a considerar son la experimentación de diferentes formas económicas y democráticas, y la revitalización de la producción local. Una idea que parece estar emergiendo, de la misma manera que se tomaron las plazas públicas, ahora es el momento de tomar la producción asumiendo multitud de formas diferentes, vamos a echar un vistazo a alguna de éllas.

Las altas tasas de desempleo han propiciado un aumento en el autoempleo como una solución individual, donde la gente intenta sobrevivir como trabajadores independientes. La mayoría de las veces esto sucede en la economía informal, lo que significa que no reciben ninguna protección social. Lo que es interesante es que a raíz del 15M, muchas iniciativas individuales han tratado de crear estructuras colectivas para evitar competir unos contra otros. Nuevos pubs, librerías, asesorías, talleres de reparación y otros asuntos de cooperación a nivel local se están abriendo. También hay muchos colectivos, donde una gran cantidad de trabajadores profesionales ofrecen sus servicios en asociación con otros en forma de cooperativas, desde la construcción hasta la contabilidad. Por ejemplo, en Móstoles, a través del atenéo Rompe el Círculo, se han puesto en marcha en menos de un año, un comercio de artesanía local y distribuición de alimentos orgánicos, una academia de educación continua, un estudio de grabación, un centro de juegos para niños y un proyecto de diseño de camisetas.

También estamos asistiendo al surgimiento de proyectos de economía social y solidaria a gran escala, que desborda los límites de la economía local y que tiene un efecto en el nivel estatal. Estos proyectos parecen fundamentales para la construcción de una auténtica alternativa económica, por ejemplo: la empresa de energías renovables Som Energia se inició en 2010 en Cataluña y se ha extendido por todo el país.O en el caso del crédito y las finanzas éticas Coop57 cooperativa, que da crédito para iniciar proyectos empresariales y proyectos de cooperación económica.

La economía social- y solidaria está aumentando en España, no sólo por la tenacidad de los movimientos sociales, sino también porque ha demostrado ser económicamente funcionales. Las cooperativas pueden ser competitivas porque son flexibles, porque hay una fuerte motivación de trabajo, ya que los trabajadores tienen participación directa en los beneficios, permiten ventajas fiscales y porque reducen los costes de gestión. Pero estas iniciativas de democratización económica vuelven a chocar con los límites estructurales impuestos por una economía nacional que está en un estado de colapso y no tiene la capacidad de integrar a estos nuevos agentes económicos.

Es por ello que hay muchas iniciativas de cooperación que tratan de trabajar con las relaciones de cooperación, en oposición a las relaciones de competencia del mercado capitalista. Por ejemplo, cuando se utiliza la moneda local, la lógica del mercado es diferente en muchos aspectos. En primer lugar, cómo estas monedas son solamente válidas en determinados territorios, priorizan el consumo local y la relocalización económica. En segundo lugar, debido a que son emitidas por mecanismos públicos y democráticos, con criterios que son diferentes a los de la rentabilidad capitalista, permiten la reintroducción en la economía local de muchas personas que habían sido excluidos. Con estos procesos de reinvención de dinero cambia el papel del dinero, ya que reproduce una nueva estructura de poder, servir al pueblo desde las bases. En España el fenómeno de la moneda local  ha experimentado un auge en los últimos cinco años, y esto mismo ha ocurrido con los Bancos del Tiempo.

Tal vez el proyecto que ha logrado construir una mejor alternativa productiva viable bajo forma explícitamente pro-decrecimiento y en transición ha sido la Cooperativa Integral Catalana (CIC). Iniciada en 2010 (pero con el trabajo que comenzó varios años antes), el CIC sirve hoy como un referente en todo el país, debido no sólo a su gran éxito, sino también su enfoque global, que trata de la auto-gestión de todos los elementos en la vida económica:. la producción, el consumo, la financiación, un sistema público de cooperación (en especial la alimentación, la educación, la vivienda y la atención de salud) y una moneda social.

 

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Cada paso en la dirección a la autogestión económica tiene que ser acompañado por un paso tratando de fortalecer los patrones de consumo éticos. Las cooperativas de producción y el consumo responsable son los dos pies para andar el camino hacia la transición económica. En este sentido, las propuestas de consumo responsable en los diferentes pueblos y ciudades en España son cada vez más frecuentes. Una de las más interesantes es la “red de tiendas de amistad”. Estas redes reúnen tiendas locales que dan un descuento a los residentes desempleados y a cambio apoyan a los movimientos sociales que promueven y dan a conocer las empresas. Pero lo más interesante de estas iniciativas no sólo su orientación a la ética en el consumo sino la transformación radical del consumo del día a día en “formas colectivas de consumo”.

Algunos colectivos pequeños están experimentado con estrategias de consumo para todo el año, especialmente en relación con el consumo de alimentos, los grupos de consumidores de alimentos orgánicos se conectan con los agricultores locales, creando una simbiosis que garantiza alimentos orgánicos a precios asequibles para los primeros (ya que no hay intermediarios) y, un precio justo de mercado para el agricultor. Pero la experimentación con el consumo colectivo va más allá de tales intercambios. En muchos ateneos y centros sociales, se están creando cosotecas, sistemas de alquiler para los artículos comunes, pero que se utilizan ocasionalmente, como herramientas o materiales para el cuidado de la salud. También han experimentado un enorme desarrollo de las prácticas que podríamos llamar una “economía del compartir”, que anteriormente era sobre todo el dominio de los jóvenes con bajo poder adquisitivo pero ahora es utilizado por las personas pobres de todas las edades, por ejemplo, ceder un sofá disponible en casa para turistas. En algunos barrios de Madrid, los nodos de la comunidad de autoabastecimiento y producción están en el trabajo: colectivos auto-organizados que intentan convertirse en organizaciones centrales de compras al por mayor de cooperación, la fabricación de productos más baratos para sus miembros y la reducción de los intermediarios. Pero son también lugares para promover la colectivización económica y la auto-producción de variados productos, como la fabricación de pan y de ropa de vestir.

Y si el consumo colectivo ha tenido un notable incremento, también lo ha hecho la auto-producción, o “DIY” (“hágalo usted mismo”). Ropa, jabón, productos para el cuidado, medicamentos, cerveza, comida, juguetes … talleres para cubrir las necesidades básicas a través de la auto-producción están proliferando, así como los talleres de habilidades y conocimientos sobre cómo producirlos. Impulsados por la necesidad pero también por la convicción, más y más personas cada día están recuperando su soberanía de producción.

En este sentido, un sector que está atrayendo el trabajo y los intereses vitales de muchos de los afectados por la crisis es el sector primario: agricultura y la ganadería. Con el mundo rural despoblado violentamente y vació por el proceso de modernización en los últimos 50 años, se ha iniciado un proceso de vuelta a la antigua casa en el pueblo, una opción para muchas personas, especialmente para los jóvenes de clase media y trabajadora que se han estrellado contra las irrompible muro de la precariedad laboral y el desempleo. Este éxodo urbano es pequeño, pero ya importante (aunque no es comparable con el éxodo urbano en países como Francia, donde más de un millón de personas se han trasladado). En este empuje neo-rural son abundantes las iniciativas agroecológicas, al igual que las de mera supervivencia, porque la vida en el pueblo es más barata que en la ciudad y permite a las personas a vivir con unos menores ingreso. Muchos de los que tratan de volver a las zonas rurales están tratando de obtener ingresos a través de la agricultura ecológica, en un intento de complementar el auge del consumo responsable y local en las ciudades. Pero esta alianza es todavía inmadura y la tensión y el desacuerdo son frecuentes. Entre otras razones, los habitantes neo-rurales todavía tienen que aprender a cultivar comida, un arte que se está a punto de perder. Por otra parte, los consumidores están todavía unidos a patrones culturales típicos de consumo industrial. Y no podemos olvidar las fricciones entre los recién llegados urbanos, participando de un modelo de subjetividad urbana y los habitantes tradicionales.

Si las zonas rurales se están urbanizados con la llegada de nuevos habitantes que traen los valores y prácticas de las ciudades, las zonas urbanas se están ruralizada con la aparición de nuevos proyectos agrícolas en el corazón de las ciudades. Antes de que estallara la crisis, una importante urbana red de jardines comenzó a proliferar en las ciudades españolas (similares en otras partes del mundo). Desde la crisis de esta red ha conocido un crecimiento exponencial, debido fundamentalmente a tres razones: el desempleo masivo ha generado una gran cantidad de tiempo libre que la gente ha utilizado para crecer jardines; el estallido de la burbuja inmobiliaria y el colapso del sector de la construcción han dejado atrás un paisaje urbano de parcelas vacías que hacen más fácil el acceso a espacios infrautilizados no sometidos a la presión de los intereses económicos; y en tercer lugar, los gobiernos locales los han visto como una inversión económica en el marketing verde.

Por el momento, y con excepción de unos pocos casos, los huertos urbanos en España no tienen una función productiva real; su contribución al consumo diario de calorías es simbólico. En cambio son esencialmente espacios para la re-articulación social y la regeneración de la comunidad, algo valioso en sí mismo. Las previsiones indican que el futuro de estos jardines es limitado y desaparecerán cuando el crecimiento económico vuelve a hacer rentables las tierras urbanas. Pero para aquellos de nosotros que sabemos que no habrá un retorno al crecimiento económico, los huertos urbanos son el portador de la antorcha que ya ha ganado una victoria simbólica, se están discutiendo sobre los posibles usos de la tierra urbana, convirtiénlos a favor de la agricultura. Teniendo en cuenta que las ciudades sólo serán viables si una parte importante de su población activa trabaja en el sector primario que contribuye a la autosuficiencia alimentaria, los huertos urbanos son una experiencia pionera que ya está haciendo el cambio más fácil, al menos a nivel conceptual, ya que está haciendo compatibles la ciudad y la agricultura.

 

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Dentro de esta amalgama de iniciativas dispuestas a crear una nueva sociedad bajo la tenue luz de la antigua, el Movimiento de Ciudades y Pueblos en Transición (movimiento de las ciudades y pueblos en transición), inspirado por el movimiento Ciudades en transición conducido por Rob Hopkins en Totnes ( Reino Unido), está teniendo un papel importante. Pero hay muchas iniciativas similares con otros orígenes, como los movimientos anarquismo o la ecología. La percepción es la de un despertar histórico, como una especie de fusión o de primavera en flor. Aunque todavía está en sus primeros días, tal vez no es una exageración afirmar que esta efervescencia de lo autogestionado anuncia la formación de una estrategia de emancipación que será en el siglo XXI lo que el sindicalismo fue en el siglo XX.

 

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Fuente: Extracto del artículo de Emilio Santiago Muiño para http://www.resilience.org

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