La felicidad como medida del progreso social debe ser un objetivo de las políticas públicas.

Un número creciente de gobiernos nacionales y locales utiliza los datos y análisis sobre la felicidad en la búsqueda de políticas que puedan ayudar a mejorar la vida de las personas. El mundo ha cambiado mucho desde el primer Informe Mundial sobre la Felicidad publicado en 2012 hasta este último de septiembre de 2015 y los gobiernos miden el bienestar subjetivo y utilizan las investigaciones realizadas sobre el tema como guía para diseñar los espacios y servicios públicos.

Emplear los datos e investigaciones sobre la felicidad para mejorar el desarrollo sostenible

El desarrollo sostenible es un concepto normativo que hace un llamamiento a todas las sociedades para buscar un equilibrio entre los objetivos económicos, sociales y medioambientales. El 2015 marca un hito decisivo en la historia de la humanidad ya que los Estados Miembros de la ONU han aprobado los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que guiarán a la comunidad internacional hacia un modelo de desarrollo mundial más inclusivo y sostenible, dónde los conceptos de felicidad y bienestar servirán muy probablemente de guía para el progreso hacia un desarrollo sostenible.
En los países que buscan aumentar el PIB de forma desigual, sin tener en cuenta los objetivos sociales y medioambientales, los resultados a menudo tienen un impacto negativo en el bienestar humano. Los objetivos de desarrollo sostenible están diseñados para ayudar a los países a alcanzar sus objetivos económicos, sociales y medioambientales de manera proporcionada, favoreciendo así mayores niveles de bienestar para las generaciones presentes y futuras.

Los objetivos de desarrollo sostenible incluyen objetivos, metas e indicadores cuantitativos, asimismo el Informe mundial sobre la felicidad 2015 destaca una vez más las ventajas de utilizar las mediciones de la felicidad para orientar la formulación de políticas y evaluar el bienestar general de cada sociedad.


La geografía de la felicidad.

Al comparar la clasificación por países deste Informe con los del 2013, se observan algunos cambios, Suiza ocupa el primer puesto, seguido de cerca por Islandia, Dinamarca y Noruega. La mayor rotación en la clasificación (que afecta a casi la mitad de los países) se registra entre los diez últimos de la lista, La mayoría se encuentran en el África subsahariana, a los que se añaden Afghanistán y, con una mayor caída, Siria.

Las mayores diferencias entre los países y regiones, se explican por las diferencias en las seis variables fundamentales: el producto interior bruto per cápita, la esperanza de una vida saludable, el respaldo social, la confianza, la libertad personal para tomar decisiones vitales y la generosidad. Las diferencias en el respaldo social, el nivel de ingresos y la esperanza de una vida saludable son los tres factores más importantes.
Los tres países que más han mejorado sus puntuaciones son Nicaragua, Zimbabwe y Ecuador, el mayor declive en las evaluaciones sobre la vida de las personas ha sido el de Grecia, seguido de Egipto y de Italia. Hay 53 países que han mejorado significativamente, 41 que han empeorado significativamente y 36 sin cambios importantes.

Los países con un capital social de suficiente calidad parecen estar capacitados para mantener o incluso mejorar el bienestar subjetivo cuando tienen que hacer frente a desastres naturales o crisis económicas, puesto que las crisis les ofrecen la oportunidad de descubrir, utilizar y aprovechar sus vínculos comunitarios. En otros casos, la crisis económica ha provocado un descenso en el nivel de felicidad mucho mayor de lo que la caída de ingresos y el aumento del desempleo podrían explicar.

Mapa informe mundial de felicidad 2015
Imagen: http://www.s.telegraph.co.uk

¿Cómo varía el bienestar subjetivo en el mundo por sexo y edad?

Además de las evaluaciones sobre la vida, se incluye en el análisis toda una serie de experiencias positivas y negativas que muestran patrones muy diferentes por sexo, edad y región. Las experiencias positivas son la felicidad, la sonrisa o la risa, la diversión, la sensación de seguridad en la noche, la sensación de haber descansado bien y hacer cosas interesantes. Las seis experiencias negativas son los sentimientos de ira, preocupación, tristeza, depresión, estrés y dolor.

En las evaluaciones sobre la vida, las diferencias por sexo son muy pequeñas en comparación con las diferencias entre países, o incluso entre edades dentro de un
mismo país. Si tenemos en cuenta el promedio mundial, las evaluaciones sobre la vida de las mujeres son ligeramente más altas que las de los hombres, con un incremento de aproximadamente 0,09 en la escala de 10 puntos, o un 2% respecto a los 4 puntos de diferencia entre los 10 países más felices y los 10 países menos felices.

Las diferencias entre los grupos de edad son mucho más grandes y varían considerablemente según la región. A escala mundial, el promedio de las evaluaciones sobre la vida alcanza una cifra inicial muy alta entre los encuestados más jóvenes, cae en casi 0,6 puntos en la edad adulta y se mantiene constante en
adelante. Esta perspectiva global esconde diferencias regionales muy marcadas, con curvas en forma de U en algunos países y caídas en otros.
En cuanto a las seis experiencias positivas y las seis negativas, hay notables diferencias por sexo, edad y región, algunas de las cuales señalan diferencias interculturales mayores que en las investigaciones anteriores.
La importancia del contexto social se aprecia claramente en el análisis por sexo y grupo de edad. Por ejemplo, las regiones del mundo donde las evaluaciones sobre la vida han conseguido una puntuación más alta en los grupos de mayor edad son también las regiones donde el respaldo social, la libertad y la generosidad (pero no la renta familiar) se perciben como superiores en estos mismos grupos de mayor edad. Estas tres variables muestran niveles y dinámicas por grupo de edad muy dispares para cada región.


El análisis de coste-beneficio con la felicidad como medida del beneficio.

Si el objetivo de la política es aumentar la felicidad, los responsables políticos tendrán que evaluar sus opciones adoptando un enfoque totalmente nuevo. Los beneficios de una nueva política deben medirse ahora en relación con el impacto que tiene el cambio en la felicidad de la población. Se puede lograr este objetivo utilizando un proceso totalmente descentralizado, mediante el cual se establece un nivel crítico de felicidad adicional que un proyecto debe generar por cada dólar gastado.
Esta nueva forma de análisis de coste-beneficio evita muchos de los graves problemas con los métodos existentes, que utilizan el dinero como medida del beneficio. Demuestra un hecho tan obvio como que un dólar adicional aporta más felicidad a un pobre que a un rico. También incluye los efectos de todos los demás factores, además del nivel de ingresos, por lo que se puede aplicar este análisis a una gama más amplia de políticas.


La neurociencia de la felicidad.

Destacan cuatro pilares del bienestar y sus bases neurales subyacentes: 1) emoción positiva sostenida; 2) recuperación tras una emoción negativa; 3) empatía, altruismo y conducta prosocial; y 4) divagación de la mente, atención y «rigidez afectiva» o adherencia emocional.
Hay dos enseñanzas generales que se pueden extraer de los hallazgos neurocientíficos. La primera consiste en la identificación de los cuatro pilares mencionados, ya que no suelen destacarse en las investigaciones sobre el bienestar. La segunda es que los circuitos neurales que identificamos como subyacentes a estos cuatro pilares del bienestar muestran plasticidad y, por tanto, pueden ser moldeados por la experiencia y el aprendizaje. Hoy día, se están desarrollando programas de aprendizaje para cultivar la atención, la amabilidad y la generosidad. En este capítulo se examinan ejemplos que demuestran que algunos de estos programas de aprendizaje, incluso en tan solo dos semanas, pueden inducir cambios cerebrales cuantificables. Estos hallazgos demuestran la idea de que la felicidad y el bienestar deben considerarse como habilidades que pueden ser mejoradas a través del aprendizaje.

informe mundial felicidad 2015 - logo


Mentes jóvenes saludables: transformar la salud mental de los niños.

Se analiza el futuro del mundo, representado por ese tercio de la población mundial que ahora tiene menos de 18 años. Es fundamental definir cuáles son los aspectos del desarrollo infantil que más importancia tienen a la hora de determinar si un niño se convertirá en un adulto feliz y productivo. Los estudios que hacen un seguimiento de los niños desde el nacimiento hasta la edad adulta muestran que, de los tres factores clave del desarrollo infantil (académico, emocional y de conducta), el desarrollo emocional es el mejor indicador de los tres, mientras que el rendimiento académico es el peor.

Esta conclusión no debería sorprendernos, ya que la salud mental es un factor determinante de una vida satisfactoria en la edad adulta y, además, la mitad de los adultos con enfermedades mentales ya mostraba los síntomas con 15 años. En total, 200 millones de niños en todo el mundo sufren de problemas de salud mental diagnosticables y que requieren tratamiento. Sin embargo, incluso en los países más ricos, solo una cuarta parte de estos niños recibe tratamiento. Dar prioridad al bienestar de los niños es una de las formas más obvias y rentables de invertir en la felicidad futura del mundo.


Valores humanos, economía civil y bienestar subjetivo.

El enfoque del paradigma de la economía civil italiana intenta mantener viva la tradición de la vida civil basada en la amistad (la noción aristotélica de philia) y en una idea más socializada de la persona y la comunidad y contrasta con otros enfoques económicos que otorgan una importancia menor a la reciprocidad y la benevolencia.
El trabajo empírico que se ha desarrollado para este informe destaca la importancia que tienen las relaciones sociales positivas (que se caracterizan por la confianza, la benevolencia y la identidad social compartida) en la motivación de la conducta, lo que contribuye positivamente a los resultados económicos y son una fuente directa de felicidad.
Los autores recomiendan realizar cambios en los mecanismos democráticos para incluir estas capacidades humanas de acciones prosociales.


Invertir en capital social.

El bienestar depende en gran medida de la conducta prosocial de los miembros de la sociedad. En este modelo de conducta los individuos toman decisiones para el bien común que pueden entrar en conflicto con intereses egoístas a corto plazo. En la vida económica y social abundan los «dilemas sociales» en los que el bien común y los intereses individuales pueden entrar en conflicto. En tales casos, la conducta prosocial, que engloba la honestidad, la benevolencia, la cooperación y la confianza, es fundamental para lograr el mejor resultado para la sociedad.
Las sociedades con un alto nivel de capital social, sinónimo de confianza generalizada, buen gobierno y apoyo mutuo entre los individuos, favorecen una conducta prosocial. Un capital social alto aumenta el bienestar directa e indirectamente, al fomentar sistemas de apoyo social, la generosidad y el voluntariado, la honestidad en la administración pública y la reducción de los costes de la actividad empresarial. Por lo tanto, la cuestión de fondo es saber cómo las sociedades con un bajo capital social, sumidas en la desconfianza y la falta de honradez, pueden invertir en capital social. Con este fín se considera que los diversos medios para lograr un mayor capital social son educación, formación moral, códigos de conducta profesional, el oprobio público hacia los que violen la confianza pública, así como políticas públicas que reduzcan las desigualdades para acceder a los distintos pilares del bienestar (los ingresos, la salud y los nexos sociales). Este último punto es importante porque la igualdad social y económica se asocia con mayores niveles de capital social y de confianza generalizada. El denominador común es el factor social

Tanto a nivel individual como a nivel nacional, todas las mediciones del bienestar, incluidas las emociones y las evaluaciones sobre la vida, están muy influenciadas por la calidad de las normas sociales y de las instituciones en las que se enmarcan. Estas incluyen la familia y los amigos a nivel individual, la confianza y la empatía a nivel de barrio y comunidad, y el poder y la calidad de las normas sociales generales que determinan la calidad de la vida dentro y entre las naciones y las generaciones. Cuando estos factores sociales están bien arraigados y
fácilmente accesibles, las comunidades y las naciones son más resistentes, e incluso los desastres naturales pueden fortalecerles aún más porque actúan unidos.

El reto es garantizar que las políticas se diseñen y se implementen de manera que puedan enriquecer el tejido social, y enseñen el placer y el poder de la empatía a las generaciones actuales y futuras. Ante la presión por corregir lo que evidentemente está mal, a menudo se descuida la tarea de construir un tejido social que es vital. Prestar una mayor atención a los niveles y a las fuentes del bienestar subjetivo nos ha permitido llegar a estas conclusiones y recomendar que la felicidad sea el foco central de la investigación y de la práctica.

 

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Recetas de innovación social, economía en transición y resiliencia para un desarrollo sostenible a la medida de las personas.

 

Fuente: Informe mundial sobre la felicidad 2015, John Helliwell, Richard Layard y Jeffrey Sachs

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Un comentario

  1. Me anima leer que los gobiernos tienen en cuenta la felicidad de las personas que representan, es inspirador este artículo, pero falta mucho por hacer en este sentido. La neurociencia nos está ayudando a avanzar en el conocimiento de la Inteligecia Emocional y adquirir un mayor número de argumentos hacia su desarrollo. Este cambio es lo que se prevé en este siglo en que estamos, y nosotros pondremos nuestro grano de arena. Nos seguimos 😉

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